Tendría yo unos diecisiete años, recuerdo bien que solía quedarme toda la tarde en mi habitación, era un cuarto pequeño pero quedaba en el último piso y tenía total privacidad, casi diario iban mis camaradas y la pasábamos bien escuchando Rock, mientras nos tomábamos uno de esos six de chelas o bien nos fumábamos unos porros.
Era un sábado, estaba de vacaciones y mis amigos estaban en seguramente alguna reunión familiar, así que yo solo decidí hacer mi propia fiesta personal.
¡¿Qué carajo estás haciendo?!
-Emm…yo, este…..nada, nada
>>¡Mierda! Otra vez mi madre me descubrió ¡fumándome un porro!, pero que chingados le pasa!!!, ¿acaso no tengo derecho a mi privacidad?>>
-Nada… y ¿qué es esto?
Y ahí estaba, una bolsa llena de marihuana, no me dijo nada, simplemente se la llevó, la escondió, y yo la busqué por toda la casa pero jamás la encontré, tal vez la tiró, no creo que se la haya fumado, es demasiado religiosa para eso, -tiene gracia imaginarme algo así-, me pregunto si me la estaría guardando para una de esas absurdas discusiones en las que se la pasaba exigiéndome que me comportara como una persona normal, que buscara “amigos buenos”, o que me consiguiera aunque sea una “noviecita” (una pinche vieja que me afloje pensé yo), y todo para que ella pudiese morir tranquila.
Lo que ella no entendía era que yo no era una persona “normal”, me cagaba la mayoría de la gente o por lo menos lo que ella podría considerar una “buena influencia” para mí y cada día luchaba para poder convivir con alguna de ellas, excepto por Javi y el “C.U.L.O” (le decíamos así por la iniciales de su nombre César Uriel López Ortiz) hubiese odiado la escuela con la bola de pendejos que diariamente cohabitaban conmigo ahí.
Esas tardes en mi pequeña habitación era pura y mera felicidad para mí, casi comparable con la felicidad que sentí cuando Sophie mi primer novia después de rogarle durante seis meses me dijo que aceptaba acostarse conmigo y cogimos como dioses durante unos gloriosos quince minutos.
Pero esa tarde, mi madre no dijo nada, me miró de una manera extraña pero familiar, indiferente, simplemente tomó la bolsa, se la llevó y con eso sus reproches, tal vez tenía miedo que me convirtiera en mi padre y la abandonara como él hizo, nunca lo sabré.
>>>Así que ahí estaba yo, solo, bien pacheco, cagándome de la risa en mi pinche cuartito de 2x2 sintiéndome el pinche dueño del mundo…
Era un sábado, estaba de vacaciones y mis amigos estaban en seguramente alguna reunión familiar, así que yo solo decidí hacer mi propia fiesta personal.
¡¿Qué carajo estás haciendo?!
-Emm…yo, este…..nada, nada
>>¡Mierda! Otra vez mi madre me descubrió ¡fumándome un porro!, pero que chingados le pasa!!!, ¿acaso no tengo derecho a mi privacidad?>>
-Nada… y ¿qué es esto?
Y ahí estaba, una bolsa llena de marihuana, no me dijo nada, simplemente se la llevó, la escondió, y yo la busqué por toda la casa pero jamás la encontré, tal vez la tiró, no creo que se la haya fumado, es demasiado religiosa para eso, -tiene gracia imaginarme algo así-, me pregunto si me la estaría guardando para una de esas absurdas discusiones en las que se la pasaba exigiéndome que me comportara como una persona normal, que buscara “amigos buenos”, o que me consiguiera aunque sea una “noviecita” (una pinche vieja que me afloje pensé yo), y todo para que ella pudiese morir tranquila.
Lo que ella no entendía era que yo no era una persona “normal”, me cagaba la mayoría de la gente o por lo menos lo que ella podría considerar una “buena influencia” para mí y cada día luchaba para poder convivir con alguna de ellas, excepto por Javi y el “C.U.L.O” (le decíamos así por la iniciales de su nombre César Uriel López Ortiz) hubiese odiado la escuela con la bola de pendejos que diariamente cohabitaban conmigo ahí.
Esas tardes en mi pequeña habitación era pura y mera felicidad para mí, casi comparable con la felicidad que sentí cuando Sophie mi primer novia después de rogarle durante seis meses me dijo que aceptaba acostarse conmigo y cogimos como dioses durante unos gloriosos quince minutos.
Pero esa tarde, mi madre no dijo nada, me miró de una manera extraña pero familiar, indiferente, simplemente tomó la bolsa, se la llevó y con eso sus reproches, tal vez tenía miedo que me convirtiera en mi padre y la abandonara como él hizo, nunca lo sabré.
>>>Así que ahí estaba yo, solo, bien pacheco, cagándome de la risa en mi pinche cuartito de 2x2 sintiéndome el pinche dueño del mundo…
1 comentario:
Está "increible"!!! jajaja ya enserio Doc te la rifas, hasta creí que era de Salinger o Bukowski, pero noooooo, es Dokowskinger jajaja.
Sigue escribiendo Doctora, está historía me es muy familiar... por qué será?
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