viernes, 8 de octubre de 2010

Del otro lado de la calle

Entre pláticas de tipo informal pero en demasía provechosas ha surgido la idea de implementar en este blog un espacio para aquellos que no se atrevían a publicar sus excelentes ideas, aportaciones en este caso narraciones y cuentos.

Así pues, contaré con la magnífica colaboración de dos escritores en potencia quienes aportarán muchísimo a este blog cuya finalidad no es más que la libertad de poner lo que se nos de la chingada gana!

Sin más que agregar esperamos la manumisión de todo buen lector quien tenga el buen atino o infortunio de leer lo que la autora y colaboradores de este blog publicarán en los siguientes meses.

Gracias eMe por este cuento.


DEL OTRO LADO DE LA CALLE

¿Cuántas veces he caminado por esta calle? ¿Cientos? Tal vez miles y siempre veo rostros diferentes.

La ciudad de la esperanza. Definitivamente las miles de personas que transitamos sus calles lo hacemos depositando nuestras esperanzas en algo, algunos en encontrar trabajo, otros en poder encontrar una buena oferta, algunos solo observan y anhelan lo que no pueden tener esperando algún día tenerlo, otros un lugar donde embriagarse… y yo, yo no sé que espero.

Cómo es posible que habiendo tanta gente en esta ciudad no pueda conocer a alguien con quien poder hablar de música, de cine, de arte o de algún libro… en ocasiones observo a la gente en las tiendas de discos y si veo a alguien comprando alguno que me agrade trato de hablarle, pero la gente suele asustarse. Es difícil que suceda que alguien este solo ya que usualmente las personas no salen solas, a nadie le gusta sentirse solo y buscan quien los acompañe a hacer sus compras.

Pero siempre hay sus excepciones: por ejemplo ese chico que camina del otro lado de la calle, en la otra acera, ha atraído mi atención, pareciera que camina en sentido contrario de la gente, pero no es así, usa unos audífonos muy grandes, es obvio que no le interesa la gente, usa sus audífonos como una barrera imaginaria para alejarnos, por su forma de vestir seguramente le gusta el rock, ¡sí! tenía razón se ha detenido a ver las guitarras eléctricas y prueba algunos teclados. Me pregunto ¿qué esperanzas deposita él en estas calles?

¡Oh! ¿Dónde se ha metido? Me distraje un segundo y lo perdí de vista… ¡demonios! Se estaba poniendo interesante. ¡Oh, Ahí está! Entro a una cafetería, seguro espera a alguien, después de todo no fue la excepción.

-¿Qué le voy a servir?
-Un moka chico, por favor.
- Un moka chico, claro, enseguida se lo traigo.

Es muy interesante observarlo, ha pedido un capuchino grande y le vierte cinco cucharas de azúcar, no había notado que se ha quitado los audífonos, seguramente en este lugar se siente cómodo. Saca un libro y antes de abrirlo observa a su alrededor, toma un sorbo de café y lo abre. No alcanzo a leer el título del libro pero es un libro muy pesado, lleva más de la mitad y le cuesta trabajo sostenerlo.

-Su café.
-Sí, gracias.

Cinco tazas después…

No ha dejado de leer, lee-toma café, lee-fuma, toma café-fuma, esto ha hecho durante horas.

He podido observar a la gente que viene a tomar café, todos parecen venir frecuentemente, se saludan unos a otros y si no te conocen también. Hay un par de ancianos sentados en una mesa cercana a la calle, llevan horas con el mismo juego de ajedrez; también hay un chico al cual le dicen el peruano lleva horas con el mismo café, sin embargo ha hecho como tres figuras de alambre, las cuales ofrece a las personas que lo observan trabajar, entran y salen personas. Es un lugar muy tranquilo, aquí no se escucha el ruido que hay en el resto de las calles, la gente solo se sienta a disfrutar de una buena taza de café, de un par de cigarrillos y una buena conversación o de un buen libro.

Ha sonado su celular, ¡oh, qué bien! Tiene como tono El cascanueces de Tchaikovsky, no imagine que le gustara la música clásica. No sé si deba hablarle, lo he pensado toda la tarde, es muy interesante y seguro podría hablar con él sin problemas… ¡Demasiado tarde! Ya se va.

Seguramente lo volveré a ver…


Han pasado semanas desde que lo vi y he vuelto a la cafetería todos los días, ya conozco a la mayoría y el peruano me ha contado algunas cosas de su vida, pero de él no había tenido ninguna señal, hasta hoy.

Hace unos minutos llego acompañado de una chica, seguramente es su novia, aunque no se toman de las manos. Ella no es muy guapa, pero se ve muy feliz y él es más guapo de lo que recordaba, se ve nervioso. Se han sentado en la misma mesa que él tomo la vez pasada.
Se ven muy bien juntos, él habla y habla, pero sin mirarla a los ojos, ella escucha y lo observa, cuando ella baja la mirada para tomar el café, él la observa tímidamente, se quieren más de lo que pueden decirse.

Ella busca su mirada y él la esconde hasta que se rinde y sede, se ven y saben lo que sus miradas dicen, se besan sin dejar de verse a los ojos, diciendo cuanto se aman sin tener que ponerlo en palabras. Al final ambos sonríen y continúan su plática como si nada la hubiera interrumpido.

No soporto verlos, pero tampoco tengo el valor suficiente para irme, quiero saber más de estos dos personajes, empaparme de la felicidad que desprenden. Me hacen pensar que no todo en esta ciudad, es feo y asqueroso, que en esta ciudad llena de basura y esmog también se pueden encontrar cosas bellas y hermosas como una pareja de novios tomados de la mano caminando por estas calles que he transitado miles de veces, me hacen revivir la esperanza de algún día encontrar a alguien con quien pueda caminar y platicar por horas.

Los observo caminar del otro lado de la calle, ella se detiene y le acomoda la bufanda dulcemente, como si tratara de protegerlo, mientras él la observa con ternura, ella levanta la mirada y sabe que encontrara la de él, se encierran en sus miradas y es como si pudieran congelar el tiempo y silenciar el ruido que los rodea, no les importa nadie más, son solo ellos dos, los protagonistas de una película clasica; al despegar sus labios es como si se descongelara todo y volvieran a escuchar las voces y el sonido de los autos.

La envidio, no los envidio a los dos, verlos caminar, porque ellos ya caminan del mismo lado de la acera.

1 comentario:

eLeodoro mora ariz dijo...

holaaaaaaa!!!
de mexico? yo de chilee!!!

Te comenzaré a leer.. grax por leerme a mi...

Un abrazo!